Amazonas en época de lluvia: por qué mayo fue el momento perfecto para visitarlo

Amazonas en época de lluvia: por qué mayo fue el momento perfecto para visitarlo

Llegué Manaos por trabajo, esperando lluvia, mosquitos y planes cancelados. En cambio, descubrí una Manaos vibrante y una selva amazónica que se transforma cuando el agua lo invade todo.

 

La primera sorpresa llega antes de pisar la selva. Manaos es la capital del Estado del Amazonas y la puerta de entrada al Amazonas brasileño, pero es mucho más que eso. Es una ciudad llena de historia y cultura, con una identidad y un legado propios.

Antes de ir, imaginaba el Amazonas como pequeños pueblos rodeados de selva. Lo que no esperaba era encontrar una ciudad de más de 2 millones de habitantes, centros comerciales, industrias, avenidas y hasta un teatro de ópera en plena Amazonía. Me sorprendió el famoso Shopping Manauara, con marcas de lujo, una selva preservada en medio de la construcción y rodeado de edificios modernos. También me llamó la atención encontrar calles limpias, iluminadas, organizadas y una ciudad bien conectada con Uber para desplazarse.

Luego llegas al puerto de Manaos, uno de los principales puntos de entrada, abastecimiento y conexión de la región. Gran parte de los productos que consumen los habitantes llegan por río, y aquí conviven varias realidades: desde viajeros que comienzan experiencias de lujo en la selva hasta la rutina diaria de quienes viven y trabajan a orillas del Amazonas.

Desde el puerto no imaginas la magnitud de lo que viene después. Embarcas y, apenas 20 minutos después de navegar por el Río Negro, empiezas a ver cómo la selva se cierra sobre ti como si nunca hubiera existido la civilización.

Este contraste es quizás lo más fascinante de Manaos. No es el Amazonas "puro" de las fantasías. Es el Amazonas real: un lugar donde la humanidad y la naturaleza conviven de formas complejas y hermosas. Donde distintas aldeas y etnias indígenas mantienen vivas muchas de sus tradiciones y rituales mientras la ciudad continúa creciendo a pocos kilómetros de distancia.

Llegamos a finales de mayo, en plena temporada de lluvias. Como caribeña acostumbrada al sol, la playa y los días brillantes, mi primera duda fue inmediata: ¿cómo se disfruta un destino así bajo la lluvia? ¿Hay más mosquitos? ¿Se pueden hacer las actividades igual?

Resultó ser casi lo opuesto a lo que imaginaba.

Y lo que descubrimos cambió por completo mi forma de entender los viajes de aventura.


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